Una historia d’estos díes

Noega fai honor a la raza: ye intolerante a la correa y calmosa. Nel duelu de voluntaes que caltuvimos hai un tiempu, ganó ella y agora llévame sueltu al so pasu. Bien de veces, quedamos paraos en metá la cera, mirando ún pal otru como una composición escultórica al amor ente especies. Cuento esto pa que s’entienda que nun tengo manera d’escapar de ningún paseante con perru que-y apeteza charrar.

Nun van dos hores, al poco de salir a dar la vueltina de la tarde, paróseme un paisanu de mediana edá y estatura, cazadora abotonada casi hasta’l pescuezu, barba d’unos pocos díes, güeyos nerviosos escucando detrás de gafes de muncha dioptría y gorra visera encasquetada a conciencia. Venía con él un animalín alegre y revolvín… o igual tampoco yera  pa tanto, pero, al par de Noega, un pasu de Selmana Santa paez el desfile de la Lexón.

Quédase mirando pa Noega y diz:

—¿Es perrina?

—Sí.

—¿Eh? ¿Es perra?

—Sí, sí: perrina —asiento yo con evidentes movimientos de cabeza.

—¿Eh? ¿Perra?

—¡Sí, sí! ¡Perra!

—¡Ah!

Paez quedar tranquilu cola confirmación. Por si usté nun vive con un perru, tien que saber que lo primero que s’entruga siempre ye’l sexu del animal. A la xente cuésta-y agachase.

—¿Es mayor?

Esta ye la segunda pregunta tratándose de Noega (miento: les más de les veces, ye la primera).

—Tampoco ye tan mayor. Ye que nació folgazana.

—¡Ah!

Silenciu. Yo inmóvil, poles causes antediches. Él tamién paráu, digo yo que solidariu.

—Estos se llaman… —dulda— se llaman… escocés, ¿eh?

—Sí, bueno… westy… qué más da…

—Sí, una prima mía… pero… lo que pasa que en su casa… este otro no…

¿?

—Este, no sé, debe tener ocho… no sé.

—¡Ah! —Esti «ah» ye míu.

—¿Cuánto viven estos perros?

«Ya tamos: la puta pregunta de siempre.»

Pero nun me dexa contesta-y: adelántase:

—Viven hasta dieciséis años.

Optimista: nun voi ser yo’l que lu desengañe.

—Porque había un chico aquí, en el barrio, no sé si usté lo conoce, el del píbul (trescribo literalmente), que era campeón de un arte marcial (¿el «píbul» o’l rapaz?), y ese tenía dieciséis años (¿el «píbul» o’l rapaz?), que me lo dijo a mí (entós, sería’l rapaz, pero nun pongo la mano en fueu). Ese era campeón de kárate, o otro arte marcial, no sé si se da usté cuenta.

—No, no…

—Y tenía dieciséis años. Pero hace ya mucho que no lo veo.

—Ya.

—Seis años, hará.

Requiescat in pace, «píbul».

Produzse un silenciu pesarosu, memorialísticu.

—Debió marchar, creo que era de Cantabria también.

¿Por qué «también»?

—Yo, claro, si no fuera… porque yo vivo solo, ¿sabe usté?

—Ya.

—Voy mucho a casa de mi hermana, que me lava la ropa, y a comer, ¿no sabe? Por el agua.

—Ya.

—Porque me cortaron el agua.

«¡Cago’n tu puta estirpe, Noega: muévite!»

—Eso sí que, si pudiera, yo lo daba. La luz, no me importa tanto. Porque está muy cara.

—Sí, claro…

—La luz me la cortaron hace tres años y el agua dos.

—Umm.

—La luz, casi me da igual, porque está cara. Es que yo, claro, pagar cincuenta euros sólo por tener la luz, aunque no gastes, no puedo, ¿sabe usté?

—Umm.

—Porque está caro. Yo cobro 345 euros, ¿sabe? Pero el agua, pudiendo, sí que la daba. Porque el agua es importante. Yo voy a casa de mi hermana a que me lave la ropa, ¿sabe? Sobre todo en verano, fui mucho a casa de mi hermana. Porque yo vivo solo.

—Ya.

—Que yo, si tuviera compañía en casa, sí que daba el agua. Si tuviera compañía femenina o masculina, daba el agua. ¡Pero yo no soy homosexual ni bisexual!, ¿eh?

«¡Noega, por Dios!»

—Pero digo una compañía, ¿sabe usté? Entonces sí que daba el agua. Pero la luz no, porque no se me arregla.

—Umm.

—Así que casi prefiero que me hayan cortado el agua, porque si se me mete alguien en el piso no me puede dejar los grifos abiertos y armármela.

—Claro…

—Porque el piso digo que es mío, pero en realidad es de los tres: mío, de mi hermana la viuda y del difuntín.

«¿Ta pasándome esto de verdá?»

—Ya.

—Pero tengo una linterna, y por la noche duermo, que también presta relajarse por la noche, o echar una siesta por el día.

—Claro.

—Tengo que limpiar un poco, que está el piso un poco… A ver si dentro de quince días…

«¡Ai, imaxinación cruel! ¡Aparta de mi esi inodoru»

—Ya, claro… Umm…

—Bueno, voy a seguir el paseo.

«¡Hostia!»

—Y perdone si me he puesto un poco pelma, ¿eh?

—Nomenón… qué va…

—Otro día, cuando cobre, le invito a un café.

«Tovía voi tener qu’emigrar del barriu.»

—Por favor, nun tien falta…

—Sí, sí: le invito a un café. Lo que pasa es que tengo que organizarme, cuando cobre.

—Qué va, hom. Despreocúpese.

—Bueno: hasta otra.

—Sí, sí: adiós.

Marcharon, él y el perrín d’edá indefinida.

Noega y yo mirámonos intensamente, callaos, estatuarios.

«La culpa ye tuya», póngome, foscu.

«¡Pues si ves lo que me contó l’otru a mi!»

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: